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ESPECIALIDADES MÉDICAS ADULTAS Y PEDIÁTRICAS.

Causas de la tensión baja: cómo actuar y cuándo consultar

Contenido validado por: Dr. Alfonso Marco Sanz

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La tensión arterial permite que la sangre circule adecuadamente por el organismo y que los órganos reciban el oxígeno y los nutrientes que necesitan. Sin embargo, no todas las cifras bajas de presión arterial tienen el mismo significado clínico.

Se considera, de forma orientativa, que una persona tiene la tensión baja o hipotensión cuando sus valores están por debajo de 90/60 mmHg. No obstante, la hipotensión por sí sola no siempre es una enfermedad ni implica necesariamente un problema de salud. Hay personas que tienen cifras bajas de manera habitual, sin síntomas y con buen estado general; es lo que se conoce como hipotensión constitucional.

La tensión baja adquiere mayor relevancia cuando se acompaña de síntomas, aparece de forma repentina o está relacionada con otra causa médica que conviene identificar y tratar.

¿Por qué puedo tener la tensión baja?

La presión arterial puede disminuir por distintos motivos. Algunas causas frecuentes son:

  • Deshidratación, especialmente en épocas de calor, tras ejercicio intenso, fiebre, vómitos o diarrea.
  • Hipotensión ortostática, que ocurre al ponerse de pie y es más habitual en personas mayores, pacientes polimedicados o quienes toman determinados fármacos.
  • Reacciones vasovagales, por ejemplo ante dolor, emociones intensas, calor, ayuno prolongado o estar mucho tiempo de pie.
  • Pérdida de sangre, como consecuencia de una lesión, hemorragia o cirugía.
  • Medicamentos, incluidos algunos tratamientos para la hipertensión, la depresión, la ansiedad, el Parkinson o los diuréticos.
  • Problemas cardíacos, como arritmias, insuficiencia cardíaca u otras alteraciones que dificulten un bombeo adecuado de la sangre.
  • Infecciones graves, que pueden provocar una bajada importante de la presión arterial.
  • Embarazo, especialmente en algunas fases de la gestación.
  • Alteraciones metabólicas o endocrinas, como hipoglucemia o determinados problemas hormonales.

En los meses de calor, la tensión puede bajar con más facilidad porque el cuerpo pierde más líquidos a través del sudor. Además, la exposición prolongada al calor favorece la dilatación de los vasos sanguíneos, lo que puede contribuir a una disminución de la presión arterial.

Síntomas de la tensión baja

Cuando la tensión baja produce síntomas, estos pueden incluir:

  • Mareo o sensación de inestabilidad.
  • Debilidad o cansancio repentino.
  • Visión borrosa.
  • Náuseas.
  • Sudoración fría.
  • Palpitaciones.
  • Dolor de cabeza.
  • Confusión.
  • Sensación de desmayo o pérdida de conocimiento.

La presencia de síntomas es importante, porque ayuda a diferenciar una tensión baja habitual y bien tolerada de una situación que puede requerir valoración médica.

¿Qué hacer ante una bajada de tensión?

Si una persona nota síntomas compatibles con una bajada de tensión, lo más recomendable es actuar de forma sencilla y segura:

  1. Sentarse o tumbarse cuanto antes, para evitar caídas.
  2. Colocarse en posición tumbada y elevar las piernas, si es posible, para favorecer el retorno de la sangre hacia el corazón.
  3. Trasladarse a un lugar fresco, tranquilo y con sombra si el episodio ocurre en un ambiente caluroso o al sol.
  4. Aflojar prendas ajustadas que puedan dificultar la respiración o resultar incómodas.
  5. Beber agua poco a poco si la persona está consciente, orientada y puede tragar con normalidad.

Es importante incorporarse de forma lenta cuando los síntomas hayan mejorado, evitando movimientos bruscos.

No se recomienda insistir en maniobras complejas o poco estandarizadas, ya que pueden generar confusión. La prioridad es prevenir caídas, favorecer el reposo y asegurar una hidratación adecuada.

¿Sirven las bebidas azucaradas, el café o el té?

La medida principal ante un episodio leve relacionado con calor, ayuno o deshidratación suele ser beber agua y descansar.

Las bebidas azucaradas no son necesarias en la mayoría de los casos. Pueden tener utilidad si se sospecha una hipoglucemia asociada, por ejemplo en personas con diabetes, ayuno prolongado, sudoración intensa, temblor o sensación clara de bajada de azúcar. Aun así, no sustituyen la valoración médica si los síntomas son importantes o no mejoran.

La cafeína, presente en el café o el té, puede elevar la tensión de forma puntual en algunas personas, pero no debe considerarse una solución general. Además, puede no ser recomendable en personas con arritmias, ansiedad, insomnio, hipertensión mal controlada o durante el embarazo, salvo indicación profesional.

Medidas para prevenir episodios de tensión baja

Cuando los episodios son repetidos, lo más importante no es “subir la tensión” de forma aislada, sino identificar por qué está bajando y actuar sobre la causa.

Algunas medidas generales pueden ayudar:

Mantener una buena hidratación

Beber suficiente agua a lo largo del día es una de las medidas más importantes, especialmente en épocas de calor, durante el ejercicio o en situaciones de fiebre, vómitos o diarrea.

Evitar cambios bruscos de postura

En personas con hipotensión ortostática, conviene levantarse despacio de la cama o de una silla. También puede ayudar permanecer unos segundos sentado antes de ponerse de pie.

Repartir las comidas

Hacer comidas equilibradas y evitar periodos prolongados de ayuno puede ayudar a prevenir mareos o debilidad, sobre todo en personas propensas a bajadas de tensión o hipoglucemia.

Revisar la medicación

Si los episodios son frecuentes, es importante revisar con un profesional sanitario si algún medicamento puede estar contribuyendo a la bajada de tensión. Esto es especialmente relevante en personas mayores o con varios tratamientos.

Hacer ejercicio adaptado

La actividad física regular puede contribuir al buen funcionamiento cardiovascular, siempre adaptada a la edad, el estado de salud y la condición física de cada persona. Si hay episodios repetidos de mareo, desmayo o tensión muy baja, conviene consultar antes de iniciar o intensificar el ejercicio.

Cuándo consultar con un profesional sanitario

Se debe consultar con un médico si la tensión baja se acompaña de síntomas frecuentes, aparece de forma repentina o interfiere con la vida diaria.

Además, conviene acudir a urgencias o solicitar atención médica inmediata si aparecen:

  • Desmayo o pérdida de conocimiento.
  • Dolor en el pecho.
  • Dificultad para respirar.
  • Confusión importante.
  • Debilidad intensa o síntomas que no mejoran con reposo e hidratación.
  • Palpitaciones persistentes o ritmo cardíaco irregular.
  • Signos de infección grave, como fiebre alta, empeoramiento general o somnolencia marcada.
  • Sospecha de hemorragia o pérdida importante de líquidos.
  • Hipotensión en el embarazo.
  • Episodios en personas mayores, pacientes con cardiopatía o personas con múltiples medicamentos.

En definitiva, la tensión baja no siempre es peligrosa ni debe tratarse como una enfermedad por sí misma. En muchas personas es una condición habitual y bien tolerada. Cuando causa síntomas o aparece asociada a otros problemas, lo fundamental es valorar el contexto, identificar la causa y tratarla de forma adecuada.

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