La tensión arterial permite que la sangre circule adecuadamente por el organismo y que los órganos reciban el oxígeno y los nutrientes que necesitan. Sin embargo, no todas las cifras bajas de presión arterial tienen el mismo significado clínico.
Se considera, de forma orientativa, que una persona tiene la tensión baja o hipotensión cuando sus valores están por debajo de 90/60 mmHg. No obstante, la hipotensión por sí sola no siempre es una enfermedad ni implica necesariamente un problema de salud. Hay personas que tienen cifras bajas de manera habitual, sin síntomas y con buen estado general; es lo que se conoce como hipotensión constitucional.
La tensión baja adquiere mayor relevancia cuando se acompaña de síntomas, aparece de forma repentina o está relacionada con otra causa médica que conviene identificar y tratar.
La presión arterial puede disminuir por distintos motivos. Algunas causas frecuentes son:
En los meses de calor, la tensión puede bajar con más facilidad porque el cuerpo pierde más líquidos a través del sudor. Además, la exposición prolongada al calor favorece la dilatación de los vasos sanguíneos, lo que puede contribuir a una disminución de la presión arterial.
Cuando la tensión baja produce síntomas, estos pueden incluir:
La presencia de síntomas es importante, porque ayuda a diferenciar una tensión baja habitual y bien tolerada de una situación que puede requerir valoración médica.
Si una persona nota síntomas compatibles con una bajada de tensión, lo más recomendable es actuar de forma sencilla y segura:
Es importante incorporarse de forma lenta cuando los síntomas hayan mejorado, evitando movimientos bruscos.
No se recomienda insistir en maniobras complejas o poco estandarizadas, ya que pueden generar confusión. La prioridad es prevenir caídas, favorecer el reposo y asegurar una hidratación adecuada.
La medida principal ante un episodio leve relacionado con calor, ayuno o deshidratación suele ser beber agua y descansar.
Las bebidas azucaradas no son necesarias en la mayoría de los casos. Pueden tener utilidad si se sospecha una hipoglucemia asociada, por ejemplo en personas con diabetes, ayuno prolongado, sudoración intensa, temblor o sensación clara de bajada de azúcar. Aun así, no sustituyen la valoración médica si los síntomas son importantes o no mejoran.
La cafeína, presente en el café o el té, puede elevar la tensión de forma puntual en algunas personas, pero no debe considerarse una solución general. Además, puede no ser recomendable en personas con arritmias, ansiedad, insomnio, hipertensión mal controlada o durante el embarazo, salvo indicación profesional.
Cuando los episodios son repetidos, lo más importante no es “subir la tensión” de forma aislada, sino identificar por qué está bajando y actuar sobre la causa.
Algunas medidas generales pueden ayudar:
Beber suficiente agua a lo largo del día es una de las medidas más importantes, especialmente en épocas de calor, durante el ejercicio o en situaciones de fiebre, vómitos o diarrea.
En personas con hipotensión ortostática, conviene levantarse despacio de la cama o de una silla. También puede ayudar permanecer unos segundos sentado antes de ponerse de pie.
Hacer comidas equilibradas y evitar periodos prolongados de ayuno puede ayudar a prevenir mareos o debilidad, sobre todo en personas propensas a bajadas de tensión o hipoglucemia.
Si los episodios son frecuentes, es importante revisar con un profesional sanitario si algún medicamento puede estar contribuyendo a la bajada de tensión. Esto es especialmente relevante en personas mayores o con varios tratamientos.
La actividad física regular puede contribuir al buen funcionamiento cardiovascular, siempre adaptada a la edad, el estado de salud y la condición física de cada persona. Si hay episodios repetidos de mareo, desmayo o tensión muy baja, conviene consultar antes de iniciar o intensificar el ejercicio.
Se debe consultar con un médico si la tensión baja se acompaña de síntomas frecuentes, aparece de forma repentina o interfiere con la vida diaria.
Además, conviene acudir a urgencias o solicitar atención médica inmediata si aparecen:
En definitiva, la tensión baja no siempre es peligrosa ni debe tratarse como una enfermedad por sí misma. En muchas personas es una condición habitual y bien tolerada. Cuando causa síntomas o aparece asociada a otros problemas, lo fundamental es valorar el contexto, identificar la causa y tratarla de forma adecuada.
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